Por Walkyrys Fabián Mirambeaux
Cuando una persona recibe un diagnóstico de cáncer, su atención se concentra en combatir la enfermedad. Las consultas, los estudios y los tratamientos ocupan el centro de sus preocupaciones. Pero, en medio de ese proceso, cabe preguntarnos: ¿qué lugar ocupa la salud bucal? ¿Le damos la importancia que merece?
Según GLOBOCAN 2024, en el mundo se estimaron 20,6 millones de casos nuevos de cáncer, y se proyecta que esta cifra alcance los 34,4 millones anuales para 2050.
Estas estimaciones de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) ponen de manifiesto la necesidad de abordar la enfermedad desde una perspectiva integral.
La boca no está separada del resto del organismo. La relación entre la salud bucal y diversas enfermedades sistémicas cuenta con evidencia científica, aunque la naturaleza de estas asociaciones varía según la enfermedad.
En el caso del cáncer, la posible asociación con enfermedades periodontales, como la periodontitis, continúa siendo objeto de investigación.
Sin embargo, hay una realidad que requiere atención inmediata: las complicaciones bucales derivadas de los tratamientos oncológicos pueden afectar el bienestar del paciente y comprometer su calidad de vida.
Antes de iniciar el tratamiento, la evaluación odontológica permite identificar problemas y establecer prioridades según las condiciones clínicas de cada persona y la terapia prevista.
Las caries, las infecciones de origen dental, la enfermedad periodontal y las prótesis defectuosas deben valorarse oportunamente.
Atender estas condiciones puede reducir el riesgo de complicaciones cuando determinados procedimientos odontológicos podrían resultar más complejos. Durante el tratamiento oncológico, el cuidado bucal sigue siendo fundamental.
La quimioterapia y la radioterapia, según la modalidad y las áreas tratadas, pueden ocasionar mucositis, sequedad bucal (xerostomía), infecciones oportunistas y mayor riesgo de caries. Estas alteraciones pueden provocar dolor y dificultar la alimentación.
Si el paciente no logra alimentarse adecuadamente, puede presentar una pérdida de peso considerable y deterioro nutricional, factores que pueden comprometer su tolerancia al tratamiento y su evolución clínica.
Por ello, la prevención, la higiene oral, la vigilancia clínica y la detección temprana de complicaciones deben formar parte de la atención.
Los procedimientos odontológicos invasivos deben planificarse en coordinación con el equipo oncológico, considerando el estado clínico y los riesgos particulares de cada paciente. La evidencia científica respalda este enfoque.
La revisión sistemática y metaanálisis The Impact of Preventive Protocols on Oral Health Outcomes in Cancer Patients Undergoing Chemotherapy or Radiotherapy, publicada en 2025 en la revista Diseases, evaluó protocolos preventivos en estos pacientes.
Los resultados mostraron que la salud gingival se mantuvo sin deterioro estadísticamente significativo; sin embargo, también se observó un incremento en el índice de dientes cariados, perdidos y obturados.
Estos hallazgos refuerzan la importancia de mantener programas preventivos individualizados y seguimiento odontológico continuo. La atención integral exige colaboración entre profesionales.
El odontólogo no sustituye al oncólogo, pero su participación permite atender necesidades bucales que pueden influir en la alimentación, el bienestar y la calidad de vida.
La atención odontológica oportuna no es un complemento prescindible: es parte del cuidado integral del paciente oncológico, contribuye a prevenir complicaciones y ayuda a preservar la salud bucal y la calidad de vida durante el tratamiento contra el cáncer.
La autora
La Dra. Walkyrys Fabián Mirambeaux es Odontóloga, especialista en Periodoncia y en Docencia Universitaria, con formación en Medicina Bucal y Patología Oral Clínica. Cuenta con más de 15 años de experiencia clínica y se desempeña como docente universitaria.
Así lo advirtieron especialistas nacionales e internacionales durante el Segundo Congreso de Innovación en Neurociencias, Psicología y Educación (CIN 2026), celebrado a finales de septiembre en el Hotel Catalonia.
Durante la jornada, profesionales de la neuropsicología, psicología y educación abordaron la conducta infantil, las funciones ejecutivas, la inclusión educativa y el impacto de los dispositivos electrónicos, advirtiendo que una categoría diagnóstica puede resultar demasiado general para determinar qué necesita una persona en particular.
Uno de los planteamientos centrales estuvo a cargo del psicólogo y neuropsicólogo David Vásquez, director del Centro Neuropsicología RD, quien sostuvo que la evaluación debe comenzar a mirar al individuo dentro de su realidad y no únicamente desde el consultorio o desde una etiqueta diagnóstica.
El especialista insistió en que la intervención debe considerar el entorno en que se desenvuelve la persona y no puede limitarse al espacio clínico.
“¿Cómo yo puedo entender mejor las necesidades de mis pacientes? ¿Cómo yo puedo entender mejor las necesidades de mis estudiantes?”, planteó.
Vásquez insistió en intervenir “no sólo en el consultorio, sino en la vida”, ya que, el abordaje debe partir de las fortalezas y dificultades particulares, combinar apoyos individualizados y adaptar el entorno en el que se desenvuelve el paciente.
En su ponencia “Evaluación e inclusión basadas en patrones neurocognitivos”, el neuropsicólogo propuso que las evaluaciones no se concentren exclusivamente en establecer qué trastorno tiene una persona, sino que también permitan identificar cómo funcionan sus procesos.
"Un perfil neurocognitivo es una descripción de las fortalezas y las debilidades que tiene una persona en los diferentes procesos cognitivos: atención, memoria, lenguaje, motricidad, funciones ejecutivas", explicó.
A su juicio, esa información permite diseñar intervenciones ajustadas a las características particulares de cada estudiante o paciente, en lugar de aplicar respuestas generales basadas en el diagnóstico.
"Las categorías diagnósticas no son suficientes para capturar las necesidades reales de las personas", destacó.
Un enfoque transdiagnóstico
Vásquez presentó el enfoque transdiagnóstico, que busca identificar los procesos comunes entre diferentes trastornos, en lugar de centrarse únicamente en las categorías clínicas.
"En este enfoque transdiagnóstico lo que busca entender son los procesos que son comunes en trastornos diferentes", indicó.
La impulsividad, por ejemplo, puede presentarse en personas con TDAH, trastorno explosivo intermitente, trastorno bipolar o adicciones. La evitación, en tanto, puede aparecer en diferentes trastornos de ansiedad.
"En vez de preguntarse qué diagnóstico tiene esta persona, porque ya sabemos que no es suficiente para responder a las necesidades, se pregunta qué mecanismos están manteniendo sus dificultades de este individuo particular", comentó.
La inclusión más allá del aula
El especialista también cuestionó que la inclusión educativa se mida principalmente por el lugar en el que se encuentra el estudiante.
Señaló que, aunque la educación inclusiva busca responder a las necesidades de todos, en la práctica todavía se presta mucha atención a determinar si un niño puede permanecer en un aula regular, si debe asistir a un espacio especializado o si el centro educativo está preparado para recibirlo.
"El problema no es la localización. El problema probablemente sea otro", expresó.
Al referirse a la evolución de la inclusión educativa en República Dominicana, mencionó las aulas de recursos como parte de los esfuerzos que han permitido avanzar desde modelos de exclusión y segregación hacia formas de integración escolar.
No obstante, consideró que el desafío actual consiste en lograr que la respuesta educativa se adapte a las necesidades del estudiante y no que toda la responsabilidad recaiga sobre él.
"Ya no vemos el niño como la dificultad. Ya vemos el niño que tiene sus características, su perfil neurocognitivo, pero que está interactuando constantemente en un entorno y dependiendo de cómo reaccione ese entorno, esa conducta se puede moldear para bien o para mal", sostuvo.
"La inclusión no es solamente ubicar a una persona. La inclusión es comprender su perfil y nosotros ajustar la respuesta con estimulación, compensación y modificación del ambiente", concluyó.
La conducta cambia y el cerebro también
En tanto, el neuropsicólogo chileno Juan Carlos Oliveros llamó a mirar el comportamiento disruptivo de los niños desde una perspectiva más amplia, comprender cómo funcionan las neuronas, el cerebro y el entorno en el que se desarrolla cada persona.
Para Oliveros, el problema no consiste únicamente en identificar una conducta o asignarle una categoría, sino en comprender qué está ocurriendo en la vida del niño.
“El problema real es entendernos, entender la realidad, cómo es su vida”, planteó durante su intervención.
El especialista destacó el impacto que tienen los dispositivos tecnológicos en la vida cotidiana y en los procesos relacionados con la atención y la conciencia.
“Entregamos nuestra paz y salud a los dispositivos”, afirmó.
Durante su exposición, Oliveros explicó que la conducta y el comportamiento de un niño no son elementos estáticos y pueden modificarse a lo largo de los años de la mano de sus factores familiares y ambientales.
En ese sentido, destacó el concepto de plasticidad cerebral, al señalar que “el cerebro es plástico”, por lo que las experiencias, el aprendizaje y el contexto forman parte de los procesos de cambio.
Sin embargo, Oliveros llamó a evitar una conclusión apresurada.
“Esperamos no rotular de inmediato, porque lo que hagamos hoy va a acompañar a ese niño toda su vida”, expresó.
El cerebro es social
La necesidad de comprender el funcionamiento cerebral también fue abordada desde la educación por la puertorriqueña Suzette Mirabal, quien cuestionó algunos modelos tradicionales de organización de las aulas.
Mirabal señaló que cuando los estudiantes permanecen sentados en filas, uno detrás de otro, se reducen las posibilidades de conexión e interacción entre ellos.
“Olvidamos que el cerebro es social”, sostuvo.
Desde su perspectiva, la educación debe prestar mayor atención al desarrollo de habilidades cognitivas y sociales, así como a las condiciones que permiten que los estudiantes aprendan unos de otros.
Mirabal señaló que en el pasado existía una relación más estrecha entre maestros y padres como aliados en la educación de los niños, mientras que actualmente muchas escuelas están asumiendo responsabilidades que trascienden la enseñanza académica.
Según expuso, esto genera una carga adicional para las instituciones educativas.
LEGO como herramienta para desarrollar habilidades
Como parte de las estrategias de intervención, Mirabal presentó el LEGO Serious Play, una metodología que utiliza una cantidad reducida de piezas de construcción para estimular procesos de pensamiento, expresión y resolución de problemas.
La especialista aclaró que no se trata simplemente de jugar con piezas.
“No es solo jugar, es asumir un reto y que se construya una metáfora usando las piezas”, explicó.
La metodología busca trabajar habilidades como planificación, organización, resolución de problemas, comunicación, socialización y capacidad para compartir.
Una de sus reglas fundamentales, explicó Mirabal, es que todos construyen y todos forman parte del proceso, evitando exclusión.
La propuesta parte además de una idea aparentemente sencilla: trabajar con menos piezas puede estimular más la creatividad que disponer de una cantidad ilimitada de opciones.
Según su planteamiento, el cuando existen demasiadas piezas puede aparecer el deseo de construir algo perfecto, mientras que una cantidad limitada obliga a trabajar con los recursos disponibles, tomar decisiones y encontrar soluciones.
La especialista vinculó esta metodología con los cambios que experimenta actualmente la intervención dirigida a personas neurodivergentes.
“La intervención en neurodivergentes está cambiando”, afirmó.
Flexibilidad cognitiva para resolver problemas
Otro de los ejes abordados durante el congreso CIN 2026 fue la necesidad de activar las funciones ejecutivas para que las personas puedan tomar decisiones, resolver problemas y adaptarse a situaciones cambiantes.
El especialista español Jesús Guillén, de la Universidad de Barcelona, explicó que la memoria de trabajo es limitada y que, por ello, es necesario activar otras funciones ejecutivas para procesar información y actuar de manera adecuada.
Dentro de estas habilidades destacó la flexibilidad cognitiva, relacionada con la capacidad de cambiar de estrategia, analizar una situación desde diferentes perspectivas y buscar alternativas ante un problema, procurando “salir de la caja”.
En una intervención neuropsicológica o educativa dijo que es necesario considerar factores indirectos que pueden afectar el desempeño, como el cansancio, el estrés o la sensación de agobio.
También destacó la importancia de establecer buenas rutinas y trabajar habilidades para la vida cotidiana.
“Crear buenas rutinas, trabajar habilidades para la vida, ser un buen ejemplo porque si no, no hay nada que hacer. Se puede aprender de forma diferente, con cerebro, con pasión”, expresó.
Sobre el evento
El Segundo Congreso de Innovación en Neurociencias, Psicología y Educación reunió el sábado 26 de septiembre en el Hotel Catalonia de Santo Domingo a especialistas de República Dominicana, España, Puerto Rico, Estados Unidos y Colombia.
La actividad fue organizada por Centro Neuropsicología RD, institución dedicada a la evaluación e intervención neuropsicológica y a la formación profesional.
El programa incluyó temas relacionados con evaluación neurocognitiva, funciones ejecutivas, autorregulación, neuroeducación e inclusión educativa, con la participación, entre otros, de Jesús Guillén, Suzette Mirabal, Juan Carlos Oliveros, Aida Collazo, María Hernández, Agneris Algarrobo y David Vázquez.
La segunda edición del congreso dio continuidad a la iniciativa desarrollada en 2025 y buscó fortalecer el intercambio entre profesionales de diferentes disciplinas.
Las distintas exposiciones mostraron que la neuropsicología y las neurociencias están ampliando su campo de acción: desde la evaluación clínica y el diagnóstico hacia la escuela, la familia, las rutinas cotidianas, la tecnología, las relaciones sociales y el ambiente en que se desarrolla cada persona.
“El accidente cerebrovascular sigue siendo una condición de alta mortalidad y discapacidad. Sin embargo, hoy contamos con nuevos avances tecnológicos, mejores herramientas diagnósticas y tratamientos que pueden cambiar significativamente el pronóstico de los pacientes cuando reciben atención oportuna”, señaló De León Berras.
El especialista explicó que uno de los principales retos continúa siendo la educación de la población para reconocer los síntomas y acudir rápidamente a un centro de salud. Recordó que existen ventanas terapéuticas críticas para intervenir un ACV, incluyendo las primeras 4.5 horas para la administración de tratamientos trombolíticos y hasta 24 horas para procedimientos especializados en casos seleccionados.
En ese sentido, destacó los esfuerzos que se desarrollan para fortalecer las redes de atención y comunicación entre centros hospitalarios a nivel nacional, permitiendo una respuesta más rápida y coordinada ante emergencias neurológicas. Estas iniciativas buscan incrementar las posibilidades de recuperación y reducir las secuelas permanentes asociadas a la enfermedad.
El encuentro científico reunió a expertos provenientes de Estados Unidos, Europa, Centroamérica y Suramérica, quienes abordaron los avances más recientes en neurología y neurocirugía. Entre los temas centrales figuran el abordaje integral del accidente cerebrovascular, las hemorragias cerebrales, los infartos cerebrales, la innovación tecnológica aplicada al diagnóstico y tratamiento, así como nuevas perspectivas para la atención de pacientes neurocríticos.
Según De León Berras, el intercambio de conocimientos científicos tiene un impacto directo en la calidad de la atención médica que reciben los pacientes dominicanos. “Todo lo aprendido aquí será llevado a hospitales, clínicas y centros especializados, fortaleciendo las capacidades de nuestros profesionales y contribuyendo a una mejor atención de las enfermedades neurológicas en el país”, afirmó.
Los especialistas coincidieron en que la prevención, el diagnóstico temprano y el acceso oportuno a tratamientos especializados continúan siendo factores determinantes para reducir la carga humana, social y económica que generan los accidentes cerebrovasculares, una enfermedad que afecta no solo a quienes la padecen, sino también a sus familias y entornos de apoyo.
“Cada minuto cuenta cuando ocurre un accidente cerebrovascular. La educación, la rapidez en la atención y la actualización continua de nuestros profesionales son claves para salvar vidas y reducir discapacidades”, concluyó el presidente de la Sociedad Dominicana de Neurología y Neurocirugía.
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