La Conferencia del Episcopado Dominicano expresó su
preocupación “por los pueblos que en estos momentos atraviesan crisis internas,
sociopolíticas y económicas como Haití, Nicaragua y Venezuela” y los exhortó a
la continua búsqueda de la paz a través del diálogo sincero.
Los obispos dominicanos, que se reunieron del primero al
seis de julio, dieron a conocer un documento en que dicen estar convencidos “que
es posible encontrar una salida consensuada que evite una mayor división y
derramamiento de sangre” en esas naciones.
“En tanto, deploramos y repudiamos las agresiones que en
Nicaragua se han realizado a todo el pueblo, incluyendo a obispos y sacerdotes
que buscan la defensa de los nicaragüenses. Que el Señor les mantenga firmes,
como valientes testigos suyos en medio de la violencia y las injusticias que
arropan a esa nación hermana”, expresa el documento.
La declaración de los obispos dominicanos también se refiere
a los pasos a dar por la Iglesia Católica en la búsqueda de mejoría de los
problemas, como el de la educación, así como la promesa de continuar su lucha a
favor de la vida.
A continuación la declaración de la Conferencia del
Episcopado Dominicano:
“Los Obispos de la Iglesia Católica en la República
Dominicana, al clausurar nuestra LVI Asamblea Plenaria, nos dirigimos a la
nación y de manera especial a todos nuestros feligreses, celebrando nuestro
caminar unidos en estos 35 años del Plan Nacional de Pastoral, compartiendo
experiencias y reflexionando sobre la realidad eclesial y social del país.
Nuestro encuentro se llevó a cabo del 1 al 6 de julio, en la
casa Arquidiocesana María de La Altagracia, en donde participamos de un retiro
espiritual como primer punto de agenda.
Luego correspondió a cada obispo presentar un informe de la situación
pastoral y social que vive su diócesis.
Unidos como hermanos que conformamos la Conferencia del Episcopado
Dominicano (CED), dialogamos en torno a las realidades que vive nuestra gente.
Detectamos grandes desafíos a los que debemos como Iglesia y como sociedad
prestar mayor atención. De igual forma observamos con alegría avances en
algunas áreas importantes de nuestro pueblo.
Al proclamar el 2018 “Año de la Eucaristía”, somos testigos
de los frutos que da el Señor a tráves de este Sacramento, fuente de comunión e
impulso de la misión eclesial. Nos encaminamos, con distintas acciones, a la
celebración del 525 aniversario de la primera misa celebrada en América. Los
congresos, peregrinaciones y concentraciones en torno a esta festividad nos van
mostrando una Iglesia que responde a su fe, aunque con grandes retos para
continuar evangelizando y revelando el rostro del amor de Dios, en medio de una
sociedad seducida por el mal, y el hastío de las realidades que padece.
En cuanto a la acción social que realiza la Iglesia,
reflexionamos que es prioridad la atención a las familias, mujeres abusadas y
desprotegidas, a los adultos mayores y enfermos, así como a las personas sin
techo ni alimentos, por lo que hacemos un llamado a los agentes de Pastoral
Social y Caritas Diocesanas para continuar aunando esfuerzos en procura de
responder a estas necesidades a través de los proyectos que se llevan a cabo en
cada Diócesis del país, tales como: “Proyecto Hombre”, que busca la rehabilitación
de personas drogodependientes y el “Banco de Alimentos”, que distribuye comida
a centros nutricionales, asilos de ancianos y centros educativos.
De igual forma, vemos necesario continuar promoviendo
proyectos de construcción de viviendas y de diversas obras sociales que se han
desarrollado, principalmente en el sur del país, a través de la Fundación de Desarrollo, Azua, San Juan
Elías Piña, (FUNDASEP); y también el desarrollo de procesos educativos y de concientización,
suscitando la defensa de los Derechos Humanos, logrando que el número de
personas no declaradas haya disminuido de 34 por ciento a 6 por ciento, gracias
a la red de profesionales voluntarios integrados al Centro Diocesano de
Asistencia Jurídica (CEDAJUR) y el apoyo de la JCE.
En cuanto a la educación, como institución que vela por el
ser humano de forma integral, apostamos por fortalecer y contribuir al
desarrollo del país a través de las escuelas parroquiales y las siete
universidades católicas insertas en las diferentes regiones del país. En tal
sentido, destacamos que la Pontificia Universidad Madre y Maestra (PUCMM),
adquirió la patente internacional por la invención de alta tecnología en el
área de Nanociencia, convirtiéndose en la primera institución de educación
superior nacional en lograr este hito en el área de la investigación. Así como
la creación del primer laboratorio de nanobiología y el primer banco de piel de
la República Dominicana.
Los obispos, conscientes de los desafíos de nuestra
sociedad, consideramos como un reto muy importante la formación integral del
ser humano que le permita valorar y respetar la vida en todas sus etapas, tanto
de los hijos, como de los padres.
Trabajar para que el pueblo no se deje confundir, pues lo que promueve
la Iglesia es la lucha por la vida de todos. Hemos reafirmado ante la ciencia,
las leyes, y ante Dios que nadie tiene derecho a condenar a muerte a un
inocente y mucho menos a un niño indefenso. impulsemos políticas públicas, que
lejos de condenar a muerte, sean precursora de la defensa de los derechos
humanos, empezando por el primero y más importante: LA VIDA DE TODOS.
Hemos revisado los criterios de formación en los seminarios
con el objetivo de continuar fortaleciendo la preparación integral de los
candidatos al presbiterado de acuerdo a la nueva Ratio Fundamentalis
Institutionis Sacerdotalis, documento orientado a ordenar la formación de los
futuros sacerdotes en todos los seminarios del mundo. Tenemos el compromiso de
motivar a nuestros seminaristas a una mayor identificación con Cristo “Cabeza,
Pastor y Siervo”, enfatizando la dimensión espiritual, humana, comunitaria e
intelectual, que contribuye al desarrollo de sacerdotes líderes, íntegros,
modelos de servicio, entrega, y fidelidad a sus compromisos eclesiásticos y sociales.
Durante nuestro encuentro, oramos por los pueblos que en
estos momentos atraviesan crisis internas, sociopolíticas y económicas como
Haití, Nicaragua y Venezuela, y en solidaridad exhortamos la continua búsqueda
de la paz a través del diálogo sincero, convencidos que es posible encontrar
una salida consensuada que evite una mayor división y derramamiento de
sangre. En tanto, deploramos y
repudiamos las agresiones que en Nicaragua se han realizado a todo el pueblo,
incluyendo a obispos y sacerdotes que buscan la defensa de los nicaragüenses.
Que el Señor les mantenga firmes, como valientes testigos suyos en medio de la
violencia y las injusticias que arropan a esa nación hermana.
Otros temas pastorales y sociales fueron abordados durante
nuestra Asamblea Plenaria, los cuales compartiremos en su momento oportuno.
Que María de La Altagracia, quien respondió: “He aquí la
sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc.1, 38), nos acompañe en la
construcción de una mejor República Dominicana”.


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