VATICANO, Roma.- “La explotación sexual es un crimen contra
la humanidad”. Así de claro fue el Papa Francisco al condenar la trata de
mujeres. Además, pidió perdón por la complicidad de algunos católicos en esta
esclavitud: “Son unos criminales”.
El Santo Padre realizó esta afirmación en sus respuestas a
algunas preguntas de los jóvenes que participan, desde este lunes 19 de marzo,
en la reunión pre-sinodal del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes que se
celebrará en el próximo mes de octubre.
En un diálogo abierto y cercano, el Santo Padre contestó a
las inquietudes que le presentaron diferentes jóvenes, y que versaron sobre la
lacra de la trata de personas, el discernimiento vocacional, la educación, el
sacerdocio y la vida consagrada
La primera pregunta se la planteó una mujer nigeriana
víctima de la trata de personas y de la explotación sexual. Francisco mostró su
horror por esta realidad, por esta “esclavitud de hoy”.
Contó cómo en una visita a una casa de acogida de mujeres
que habían sido liberadas le narraban cómo eran sometidas a torturas, amenazas
y violencia si intentaban resistirse. Muchas vienen de África o de Europa del
Este engañadas con una falsa oferta de empleo.
Además, reflejó su escándalo por el hecho de que muchas de
las personas que explotan a estas mujeres o acuden como “clientes”, son
personas bautizadas. “Creo que aquí en Italia, el 90% de los ‘clientes’ son
bautizados, son católicos. Y pienso en el asco que deben sentir estas mujeres
cuando estos hombres les hacen hacer cualquier cosa”.
El Papa fue muy claro y aseguró que la esclavitud sexual “es
un crimen contra la humanidad, un delito contra la humanidad, y nace de una
mentalidad enferma”.
Se trata de “un problema grave. Si un joven tiene esta
costumbre, es un criminal. Quien hace esto es un criminal. Esto no es hacer el
amor, esto es torturar a una mujer”. Finalmente, el Papa pidió perdón a las
víctimas y a toda la sociedad “por los católicos que participan en este acto
criminal”.
En respuesta a otra pregunta de un joven estudiante francés
no bautizado que aseguró encontrarse en un momento de discernimiento para
descubrir su vocación en la vida, el Santo Padre aseguró que con solo
plantearse la pregunta ya había dado un gran paso.
Francisco aseguró que “todos nosotros tenemos necesidad de
discernimiento”. En este sentido, lamentó que “muchas comunidades eclesiales no
saben hacerlo, y falta esa capacidad de discernimiento”.
“En la vida, siempre hace falta, en primer lugar, tener la
valentía de hablar las cosas que tienes. Pero no todas las cosas se pueden
hablar con todo el mundo, busca a alguien con quien tengas confianza. Alguien
que no se asuste de nada, que sepa escuchar, y que tenga el don del Señor de
decir la palabra justa en el momento justo, y deja que él sea interpelado por
tu inquietud, y déjate interpelar por él”.
Subrayó la importancia del discernimiento, porque “cuando un
joven no encuentra ese camino de discernimiento, no sólo vocacional, de
cualquier aspecto, se cerrará mal, y eso es provocará un tumor en el alma. Un
peso que te quita la libertad. Es importarle abrirlo todo. No maquillar el
sentimiento, no mimetizar el sentimiento”.
Y añadió que “el proceso de discernimiento dura toda la
vida. Deja sacar fuera el sentimiento, no anestesiarlo, no disminuirlo”.
La tercera pregunta la realizó una joven profesora argentina
miembro de Scholas Occurrentes, que lamentó que en ocasiones se educa en
verdades construidas desde la razón que debilitan el sentido de trascendencia.
El Santo Padre reconoció esa realidad y habló de
“estructuras escolares donde se crece mucho en conocimientos, pero donde se
pierde la capacidad de asombrarse, la capacidad de estupor”.
Aseguró que este problema “es una herencia educativa del
iluminismo, que hoy se la critica mucho. De hecho, la experiencia de Scholas
llegó a revertir esta tendencia en muchos lugares”.
Frente a ese modelo de escuela herencia del iluminismo, el
Papa propuso tres pautas. “En primer lugar, aprender a pensar bien, no solo
aprender cosas, sino buscar con el pensamiento, hacer el lenguaje del corazón”.
“En segundo lugar, el lenguaje del corazón, aprender a
sentir bien. Ahí está el problema del bullying, que es un problema de no saber
sentir bien. Educar el sentimiento, y esto no es tan común en las escuelas
herederas del iluminismo. En tercer lugar, el lenguaje de las manos, hacer, ser
artesanos y creadores”.
La cuarta pregunta al Papa la formuló un joven seminarista
ucraniano. En su respuesta, Francisco afirmó que el sacerdote debe ser testigo
de Cristo, porque “el sacerdote que no es testigo de Cristo, hace mucho mal. Se
equivoca, desorienta a la gente…, hace mal”.
En este sentido, subrayó la importancia de que el sacerdote
de testimonio en una comunidad que también de testimonio, porque “de lo
contrario, el sacerdote estará afectivamente solo en una comunidad que no lo
acompaña, que sólo lo quiere como sacerdote funcional”.
En la última pregunta, formulada por una religiosa de origen
chino, el Pontífice explicó que “la verdadera formación religiosa en la vida
consagrada debe tener cuatro pilares: formación en la vida espiritual,
formación en la vida intelectual, formación en la vida comunitaria y formación
en la vida apostólica”.
Y afirmó que “esto también es válido para los laicos. Es
importante educar en toda la potencialidad sin anular, sin sobre-proteger,
porque uno se convierte en psicológicamente inmaduro”.
(Fuente: ACIPRENSA)


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