En la rueda de prensa que concedió durante el vuelo que le
trasladaba de vuelta a Roma tras finalizar su viaje apostólico a Chile y Perú,
el Papa Francisco tuvo palabras muy duras contra la corrupción, la cual afecta
a muchos países, incluidos aquellos de América Latina.
“La corrupción es como esos pantanos ‘chupadizos’ que vos
pisás y querés salir, y das un paso y te vas más adentro”, señaló. La
corrupción “es una ciénaga. Es la destrucción de la persona humana”.
El Santo Padre hizo esta dura valoración en la respuesta a
un periodista que le acompañaba en el vuelo papal. Recordó que la corrupción
afecta a todo el mundo por igual, y se refirió en concreto a Europa y a
América.
“Sí, en Latinoamérica hay muchos focos de corrupción. Ahora
está de moda hablar de Odebretch, por ejemplo, pero eso es un botón de
muestra”, señaló.
Afirmó que el origen de la corrupción se encuentra en el
pecado original. En este sentido, señaló la diferencia entre el pecador y el
corrupto: “Pecador, sí. Corrupto, no”, indicó.
Porque “todos somos pecadores”, y la actitud del pecador
debe ser: “‘Bueno, esto está mal. Acá me porté mal con un amigo, o robé, o hice
esto, o me drogué’, y entonces me freno y trato de no hacerlo. Está el perdón
de Dios sobre todo eso”.
Por el contrario, la arrogancia del corrupto le impide ver
su pecado y pedir perdón: “Yo al pecado no le tengo miedo –aseguró–, le tengo
miedo a la corrupción, porque la corrupción te va viciando el alma y el cuerpo,
y un corrupto está tan seguro de sí mismo que no puede volver atrás”.
El Papa se refirió tanto a la corrupción política como a la
corrupción en el ámbito privado, y en concreto en el ámbito empresarial.
“El empresario que le paga la mitad a sus obreros es un
corrupto. Y un ama de casa que está acostumbrada y cree que es lo más normal
explotar a las mucamas, sea con el sueldo o sea con el modo de tratar, es una
corrupta, porque ya lo toma como normal”.
Francisco hizo referencia a “una conversación que tuve con
una persona, un profesional, sobre cómo llevaba la cosa, joven, tendría 30
años, y él me decía que trataba al personal doméstico de una manera nada noble.
Me decía las cosas que hacía con las personas y yo le dije: ‘pero usted no
puede hacer eso, eso es pecado’. ‘Padre’, me dice, ‘no vamos a comparar a esa
gente conmigo, esa gente está para eso’. Y es lo que piensa el tratante sexual,
el tratante de trabajo esclavo…, los corruptos”.
Finalmente, el Pontífice lamentó que en la Iglesia también
se dé la corrupción: “¿Y en la Iglesia hay corrupción? ¡Sí! Hay casos de
corrupción en la Iglesia, en la historia de la Iglesia siempre los hubo.
Siempre los hubo porque hombres y mujeres de Iglesia entraron en el juego de la
corrupción”.
(Fuente: ACIPRENSA)



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