VATICANO, Roma.-En su primera homilía del año, pronunciada
durante la Misa de la Solemnidad de Santa María Madre de Dios este lunes 1 de
enero, el Papa Francisco invitó a los cristianos a mirar en su corazón para
comenzar el nuevo año “desde el centro, dejar atrás los fardos del pasado y
empezar de nuevo desde lo que importa”.
El Santo Padre planteó la siguiente cuestión: “¿Por qué
decimos Madre de Dios y no Madre de Jesús?”. Recordó que, en el pasado, algunas
voces dentro de la Iglesia pedían que se limitara a reconocer a Jesús
únicamente como Madre de Jesús, “pero la Iglesia afirmó: María es Madre de
Dios”.
“Desde que el Señor se encarnó en María, y por siempre,
nuestra humanidad está indefectiblemente unida a Él. Ya no existe Dios sin el
hombre: la carne que Jesús tomó de su Madre es suya también ahora y lo será
para siempre. Decir Madre de Dios nos recuerda esto: Dios se ha hecho cercano
con la humanidad como un niño a su madre que lo lleva en el seno”.
En su homilía, el Pontífice también subrayó que “la palabra
madre (mater) hace referencia también a la palabra materia. En su Madre, el
Dios del cielo, el Dios infinito se ha hecho pequeño, se ha hecho materia, para
estar no solamente con nosotros, sino también para ser como nosotros”.
“He aquí el milagro, la novedad: el hombre ya no está solo;
ya no es huérfano, sino que es hijo para siempre. El año se abre con esta
novedad. Y nosotros la proclamamos diciendo: ¡Madre de Dios!”.
“Nuestra soledad ha sido derrotada”, continuó. Por ello, “servir
a la vida humana es servir a Dios”.
El Papa Francisco también destacó una de las principales
características del relato evangélico de la Navidad: el silencio.
En concreto, llamó la atención sobre esta frase del
Evangelio de San Lucas: “Custodiaba todas estas cosas, meditándolas en su
corazón”.
“Custodiaba. Simplemente custodiaba. María no habla: el
Evangelio no nos menciona ni tan siquiera una sola palabra suya en todo el
relato de la Navidad. También en esto la Madre está unida al Hijo: Jesús es
infante, es decir ‘sin palabra’. Él, el Verbo, la Palabra de Dios que ‘muchas
veces y en diversos modos en los tiempos antiguos había hablado’, ahora, en la
‘plenitud de los tiempos’, está mudo”.
El Pontífice destacó que también esto tiene un sentido en la
historia de la salvación, y pone de relieve la realeza de Jesús: “El Dios ante
el cual se guarda silencio es un niño que no habla. Su majestad es sin
palabras, su misterio de amor se revela en la pequeñez. Esta pequeñez silenciosa
es el lenguaje de su realeza. La Madre se asocia al Hijo y custodia en el
silencio”.
El misterio del silencio en el nacimiento de Jesús supone
una oportunidad para la meditación del cristiano, y el Papa explicó cómo: “El
silencio nos dice que también nosotros, si queremos custodiarnos, tenemos
necesidad de silencio. Tenemos necesidad de permanecer en silencio mirando el
pesebre. Porque delante del pesebre nos descubrimos amados, saboreamos el
sentido genuino de la vida. Y contemplando en silencio, dejamos que Jesús nos
hable al corazón”.
Así, invitó a dedicar unos instantes al día a contemplar a
Dios en silencio: “Reservar cada día un momento de silencio con Dios es
custodiar nuestra alma; es custodiar nuestra libertad frente a las banalidades
corrosivas del consumo y la ruidosa confusión de la publicidad, frente a la
abundancia de palabras vacías y las olas impetuosas de las murmuraciones y
quejas”.
También explicó que las cosas que María custodiaba en su
corazón eran los “gozos y dolores” de aquellos días: “el futuro incierto, la
falta de un hogar, la desolación del rechazo, la desilusión de ver nacer a
Jesús en un establo”.
María “meditaba” todas estas cosas, “es decir las repasaba
con Dios en su corazón. No se guardó nada para sí misma, no ocultó nada en la
soledad ni lo ahogó en la amargura, sino que todo lo llevó a Dios. Así
custodió”.
“Este es el secreto de la Madre de Dios: custodiar en el
silencio y llevar a Dios. Y como concluye el Evangelio, todo esto sucedía en su
corazón”.
(FUENTE:ACIPRENSA)
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(FUENTE:ACIPRENSA)


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