El populismo se ha abierto en esta campaña electoral.
Sucede en muchas partes del mundo, pero llama la atención que ocurra ahora en Costa Rica, un país que por mucho tiempo ha sido considerado modelo de estabilidad.
Pero la "Suiza de Centroamérica” ha demostrado no ser inmune a las crisis.
"Esta es una elección atípica.
Por lo menos en los últimos 50 años no se ha visto en el país un proceso semejante, lo que indica que Costa Rica, que había sido antes observador de las tendencias en la región de América Latina, hoy es parte de la tendencia, donde los cribajes no son tanto políticos, sino sociales”, señala Josette Altmann, Secretaria General de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).
Denuncias de corrupción:
Un sondeo del Centro de Investigaciones y Estudios Políticos (Ciep), de la Universidad de Costa Rica, asigna las mejores posibilidades electorales al diputado y activista evangélico Fabricio Alvarado, con 16,9 por ciento.
Le siguen el socialdemócrata Antonio Álvarez Desanti, con 12,4 por ciento; el oficialista Carlos Alvarado, con 10,6 por ciento, y el abogado Juan Diego Castro (a quienes algunos apodan el "Trump costarricense”), con 8,6 por ciento.
"Hay una extrema inseguridad en el país y gran preocupación”, dice David Henneberger, director de proyectos para Centroamérica de la fundación Friedrich Naumann, cercana al partido liberal demócrata alemán. Henneberger cuenta que en Costa Rica "muchos están simplemente tristes de que se haya podido llegar a esta situación en que no hay ningún candidato al que apoyar con plena convicción, sino que solo se piensa optar por el mal menor”.

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