Bayahibe. Convertirse en un observador de aves es fácil, económico y muy satisfactorio, especialmente en República Dominicana, donde pueden avistarse un gran número de ejemplares de más de 300 especies; entre estas, 31 son endémicas de La Hispaniola y 50 habitan exclusivamente en esta isla o en las adyacentes. Para valorar esta gran riqueza natural basta anotar que un territorio tan extenso como el de Estados Unidos (unas 200 veces más que Dominicana) hospeda alrededor de 600 especies de aves y una sola endémica. Obviamente, se trata de un recurso notable que podría ser aprovechado en la planificación de programas ecoturísticos, por tours especializados para clubs de ornitólogos y, sobre todo, por la población. Sí, por la población, porque sólo apreciando la riqueza de nuestra naturaleza puede nacer su conservación.
Las aves abundan en La Romana-Bayahibe por dondequiera: en los bosques del Parque Nacional del Este, en las costas y humedales de la isla Saona, entre los manglares del canal de Catuano, alrededor de los ríos Yuma y Chavón, en todas las playas y marinas, en las plantaciones y campos, en los jardines de hoteles y resorts y en los poblados. Cada hábitat hospeda especies diferentes, ofreciendo una variedad realmente excepcional.
Últimamente, algunas iniciativas encomiables intentan promover la observación de la avifauna entre los operadores turísticos de este destino y el público en general.
Gallareta Pico Rojo (Gallinula chloropus) en la laguna de Dominicus-Bayahibe. Se alimenta de plantas acuáticas, moluscos, gusanos y fruta.
El pasado mayo, la Asociación de Hoteles y el Clúster Turístico locales -repitiendo la positiva experiencia del año pasado- organizaron una interesante charla y caminata de avistamiento en el Parque Nacional del Este dirigida por Kate Wallace, ornitóloga de origen estadounidense que está entre las más reputadas del país. Otra actividad análoga, siempre encabezada por esta experta, fue dedicada el 16 de julio a los niños que asistieron al Campamento de Verano del Museo Arqueológico Regional de Altos de Chavón. Son los primeros pasos de una obra educativaque bien debería desarrollarse a mayor escala y por todo el país, probablemente empezando desde las escuelas, ya que las aves integran una de las riquezas más notables de Dominicana. En el sector turístico, para despertar el interés de los turoperadores cada área protegida debería contar con guías especializados, capaces de localizar, reconocer y describir las principales especies de aves (y la demás fauna y flora) del territorio y nombrarlas en diferentes idiomas.
El pasado mayo, la Asociación de Hoteles y el Clúster Turístico locales -repitiendo la positiva experiencia del año pasado- organizaron una interesante charla y caminata de avistamiento en el Parque Nacional del Este dirigida por Kate Wallace, ornitóloga de origen estadounidense que está entre las más reputadas del país. Otra actividad análoga, siempre encabezada por esta experta, fue dedicada el 16 de julio a los niños que asistieron al Campamento de Verano del Museo Arqueológico Regional de Altos de Chavón. Son los primeros pasos de una obra educativaque bien debería desarrollarse a mayor escala y por todo el país, probablemente empezando desde las escuelas, ya que las aves integran una de las riquezas más notables de Dominicana. En el sector turístico, para despertar el interés de los turoperadores cada área protegida debería contar con guías especializados, capaces de localizar, reconocer y describir las principales especies de aves (y la demás fauna y flora) del territorio y nombrarlas en diferentes idiomas.
“Nuestra meta al escribir Aves de la Republica Dominicana y Haití -apuntan los autores- es llenar el gran vacío educativo que existe en la isla sobre observación de aves, conservación y medio ambiente. Nunca ha existido una guía de campo dedicada a las aves de la isla. La única guía existente, por Annabel Dod, tiene casi 30 años, cubre solo 226 especies y está ilustrada en blanco y negro. Aquí describimos e ilustramos las 306 especies que se saben han incurrido en la isla. Pero nuestra intención es proveer mucho más que una simple forma de identificar especies de aves; nuestra guía también provee información sobre la biología y ecología de las aves, con la esperanza de que podamos ayudar a inspirar una nueva generación de observadores de aves, ornitólogos y conservacionistas. Con esta guía en mano, esperamos que más dominicanos y haitianos se asombren tanto, como nosotros, ante la gran diversidad de avifauna que existe en la isla”.
La observación de aves satisface al naturalista, que aprende a nombrar las especies, a conocer su biología y comportamiento, a descubrir nuevos ecosistemas a través de placenteros paseos por bosques, ríos o litorales; pero también compensa al amante de la fotografía, siendo estos animales unos sujetos excelentes para imágenes muy hermosas. Capturar una buena foto de un ave volando es tan difícil -y por esto gratificante- como abatirla con un tiro de escopeta (esperamos así reconvertir a algunos cazadores; y si no les gustaran las fotos, siempre podrían elevar su estilo dedicándose al tiro al plato -en las excelentes instalaciones de Casa de Campo, por ejemplo).
Pero las escopetas no son la principal amenaza para las aves de República Dominicana -revela nuestro libro-guía- ya que su número es “relativamente escaso”, mientras que el uso de tirapiedras, trampas y cebos es definido como “desenfrenado”, apuntándose que la captura para “el comercio de aves enjauladas es la amenaza más seria a Cotorras y Pericos” y afecta a demás especies, como Flamencos y Cuervos. Así que piénsenlo bien antes de ceder a la tentación -¡estética!- de adquirir cualquier ejemplar de fauna silvestre en cautiverio.
“La perdida y la degradación de hábitat son los problemas principales que enfrentan las aves en La Hispaniola” -anota la guía- debidos a la deforestación, la contaminación ambiental, la falta de planes de ordenamiento territorial y control adecuado hasta en las áreas protegidas (por
carencia de recursos y personal capacitado). Probablemente la mayor plaga es la inexistencia de una ética ambiental nacional y de un “programa establecido de educación ambiental, especialmente en las escuelas” -asevera la guía.
Entonces, un observador de aves es necesariamente un ambientalista, conservacionista y prosélito: ¡conviértete tú también!
carencia de recursos y personal capacitado). Probablemente la mayor plaga es la inexistencia de una ética ambiental nacional y de un “programa establecido de educación ambiental, especialmente en las escuelas” -asevera la guía.
Entonces, un observador de aves es necesariamente un ambientalista, conservacionista y prosélito: ¡conviértete tú también!
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